El clic

Es un clic que se macera a un ritmo indeterminado, en silencio, escondido incluso para uno mismo. 


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Es simple. Haces clic y enciendes la luz. Haces clic y reservas el vuelo. Haces clic y te informas; o lo intentas. El clic es la puerta de acceso.



Los clics nos acompañan a lo largo de nuestra vida. Algunas veces de forma consciente. Otras se producen de manera tan automática que no reparamos en ellos.



Hay muchos clics, pero solo hay uno que lo cambia todo y que no puedes accionar por ti mismo. Al menos, no siempre. Simplemente ocurre. Ese es el clic que lo cambia todo: el que se hace en la cabeza.



Es como el encofrado de un edificio, que debe secarse con calma; o el bizcocho que pones en el horno, que necesita tiempo para cocerse y quedar esponjoso. Es un clic que se macera a un ritmo indeterminado, en silencio, escondido incluso para uno mismo. 



Y nunca sabes cuándo se abrirá esa puerta. Ese es el problema. Pruebas cientos de llaves y ninguna encaja en la cerradura. Y te preguntas qué está pasando. Pero llega un día en que, sin saber muy bien cómo, de repente se abre. O directamente la derribas con la fuerza de un cañón.



Y ahí sí. Ahí sí que se enciende la luz. Y reservas el vuelo.



Ahí empieza todo.


Reflexión