Un turista más

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Conservamos la típica foto sujetando la torre de Pisa, nos hemos pateado de extremo a extremo el barrio de Montmartre de París, recordamos con nitidez aquel lluvioso cambio de guardia en el Palacio de Buckingham de Londres y estamos deseando regresar a Ginebra para volver a subir al Monte Salève y contemplar nuevamente desde las alturas las hermosas vistas que nos ofrece esta encantadora ciudad suiza. ¿Pero conocemos nuestra ciudad? Seguro que en más de una ocasión hemos escuchado esta reflexión.

El otro día, la veterana periodista María Ángeles Arazo volvía a plantear este tema en una entrevista concedida a Culturplaza y lamentaba que a pesar de la evolución que ha experimentado València en los últimos 50 años, el cambio “no ha significado que quien la habita la conozca”. “Los valencianos no conocen su ciudad, fíjate qué cosa tan grave culturalmente. A veces me preguntan que si tenemos un museo de etnología. València es desconocida por los valencianos”, subrayaba.

Cuánta razón tiene. Quizás hemos asumido la presencia de los museos, salas de teatro, monumentos, libros y otras formas de expresión de nuestra identidad como elementos del paisaje urbano que permanecen impasibles, como adornos, meros testigos de nuestra existencia. Salvo excepciones, no les concedemos importancia. Pero son algo vivo. Hablan de nosotros, de lo que somos y de lo que hemos sido. Es importante conocer nuestro pasado para entender nuestro presente, una afirmación que no por manida deja de ser cierta.

Ahí están el ‘Micalet’, el campanario de la catedral de estilo gótico desde el que puede divisarse todo el centro de la ciudad, los refugios antiaéreos construidos durante la Guerra Civil, la Lonja de la Seda, que es patrimonio de la Humanidad por la Unesco, el mismo Museo de Etnología al que hacía referencia Arazo o reclamos más mediáticos como la Plaza de la Virgen, la playa de la Malvarrosa, la Ciudad de las Artes y las Ciencias, el Parque Natural de la Albufera o el Mercado Central.

Tal vez el verano, época en la que solemos tener más tiempo libre, sea un momento perfecto para calzarnos unas buenas zapatillas, ponernos una gorra, colgarnos la cámara de fotos al cuello y lanzarnos a vivir, descubrir y experimentar València como un turista más. Se aceptan sugerencias.

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