Educar para hacer de este mundo un lugar mejor

“La nueva educación: los retos y desafíos de un maestro de hoy”, César Bona, Madrid: Plaza & Janes Editores, 2015, 272 páginas.

No resulta sencillo comentar un libro cuando todas y cada una de sus páginas han acabado subrayadas tras su lectura. ¿Qué puede destacar el lector si en cada capítulo encuentra múltiples cuestiones sobre las que reflexionar? Como ocurre con todos los ámbitos, la educación puede tratarse desde tantas perspectivas distintas que uno puede caer en el error de pretender abarcarlas todas. Pero no es el caso.

“La nueva educación: los retos y desafíos de un maestro de hoy”, de César bona, se adentra en el mundo de la docencia de forma amena, sencilla y entretenida y, lo más importante, poniendo el foco en lo que pueden hacer los maestros para desarrollar su labor de forma más efectiva y enriquecedora para todos.  Desde esa perspectiva plantea iniciativas que únicamente dependen de los profesores y que están encaminadas a encontrar alternativas a la enseñanza tradicional.

A través de numerosas anécdotas y de experiencias vividas a lo largo de su trayectoria profesional, Bona nos confirma que otra educación es posible y que está en manos de los maestros hacerla realidad. No hay excusas que valgan para el cambio, ni siquiera la necesidad de poner en marcha un pacto de Estado que aporte estabilidad a un sistema educativo que nunca ha sido una prioridad para ningún gobierno desde que entramos en democracia. Los maestros deben ser el motor que permita un nuevo rumbo en el que los auténticos protagonistas sean los niños. Y Bona es un buen ejemplo.

Sin querer teorizar ni sentar cátedra, este licenciado en Filología Inglesa explica lo que debe aportar un maestro para hacer efectiva esta revolución. Pasión, innovación, compromiso, formación, respeto, vocación y actitud positiva son algunos de los valores que deben formar parte del ADN de un docente verdaderamente implicado en una educación que busque contagiar esa ilusión a sus alumnos.

Para conseguir ese cambio de chip insiste en que no es necesario salir fuera. “No hace falta mirar a Finlandia para hacer las cosas mejor, fijémonos en el compañero que tenemos al lado si está haciendo cosas interesantes. En España hay gente muy válida y es a ellos a quienes debemos ofrecerle todo el apoyo que sea necesario”, explica. No por obvio resulta tan evidente. Quizá sin darnos cuenta hemos entrado en un círculo vicioso del que es difícil salir. Él nos da las claves para hacerlo.

“La educación es mucho más que meter datos en la cabeza”. Esta es otra de las ‘obviedades’ de las que habla. “Para mí es un mundo raro cuando un ser, un niño o una niña, que está compuesto de imaginación, ilusión, creatividad, curiosidad… ha de dejar todo esto en la puerta del aula para entrar, sentarse y comportarse como un seudoadulto que va a recibir datos para luego limitarse a reproducirlos”. Él evita reproducir los patrones habituales, vaya si lo hace.

Su testimonio, que también ha recogido recientemente en el libro “Las escuelas que cambian el mundo”, nos demuestra que el margen del que disponen los maestros para conseguir el cambio es mayor del que ellos mismos creen y a eso apela constantemente.

“Cada niño es un universo, una micro historia. Pero si no prestamos atención a cada uno de ellos como se merece, muchas cosas pueden quedarse por el camino y quizá no se descubran nunca”, escribe en otro de los capítulos.

Desde que en 2014 estuvo nominado para el Global Thatcher Prize, el conocido como Nobel de la Educación, ha recorrido España entera explicando en diversos foros su visión, incrementando de forma considerable el interés de los medios por hablar de educación.

En este libro invita a los lectores precisamente a eso, a potenciar la creatividad y, paralelamente, a contar al mundo aquellas propuestas que estén funcionando. Él lo hace, predica con el ejemplo y comparte sus experiencias haciendo sencillo lo que a priori parece complejo.

“Que de lejos te vean llegar y digan: ‘Ahí viene el maestro’, con orgullo, con toda la admiración que nuestra profesión se merece, porque de ella provienen todas las demás, y porque con ella se puede contribuir, y mucho, a hacer de este mundo un lugar mejor“. ¿Puede haber un argumento más persuasivo para convencernos de lo apremiante que resulta ponernos a ello?

Josep Marí

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