Maestros

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En septiembre de 1991 comenzó la aventura. Tras un par de años en la guardería, llegaba el momento de saltar de nivel y de enfrentarse a uno de los pasos más importantes que se presentan en la vida de una persona. Evidentemente descubriría su gran trascendencia transcurridos los años. Jugar, aprender y divertirse era lo único que por aquel entonces nos exigían a los pequeños de cuatro años que comenzábamos a dar pasos en un centro (recién estrenado, por cierto) que inevitablemente nos marcaría para siempre.

Diez años después la historia se repetía. Con las bases ya sentadas, más responsabilidad y una adolescencia en ciernes, el camino nos llevó hasta el instituto de educación secundaria y bachillerato (en barracones, por cierto). Nuevo entorno, nuevo contenido y nuevas metas. Mientras forjábamos nuestra personalidad y madurábamos, poco a poco, aunque no sin cierta dificultad, íbamos haciendo camino al andar. Cada uno siguiendo la brújula de sus inquietudes y motivaciones.

Con el pasaporte para la universidad en la mano, iniciar estudios superiores fue sin duda la mejor de las opciones posibles. Las clases acabaron de desarrollar el espíritu crítico y la necesidad de poner lo mejor de uno mismo para intentar que la actividad profesional se llevara a cabo con criterios éticos y buscando siempre la calidad y el servicio a la sociedad.

Y en cada una de estas etapas, por encima de la titularidad de las instituciones educativas, de los temarios y de las iniciativas extraescolares que propusieran, lo más importante de todo fue, sin duda, el capital humano. Los profesores constituyen la parte más relevante de la vida académica de un alumno. Qué diferente resulta para una persona encontrarse en su trayectoria formativa con unos u otros profesores. Qué diferente.

El Día Mundial de los Docentes es una buena ocasión para rendirles un merecido homenaje. Somos lo que somos, en buena parte, gracias a ellos. Hay que reconocerlo. Empiezan a ser demasiado habituales entre los padres expresiones como “le tiene manía”, “por qué le has puesto una nota tan baja”, “sólo son profesores por el sueldo de funcionario”, “tienen muchas vacaciones”…

Precisamente por esto hay que poner en valor con bastante más frecuencia su labor y su entrega, agradecerles una profesionalidad que no hay que poner en duda pero que tienen que ganarse cada día. ¿Pero cómo? Los maestros deben estar en continua formación para no perder el tren y buscar en cada momento las herramientas, los procesos y los mecanismos que mejor les ayuden a llevar a cabo su misión. De su consecución depende el futuro de nuestra sociedad.

El margen de maniobra de los docentes es mayor del que ellos mismos piensan, porque las posibilidades, sino infinitas, son muy amplias (a pesar de la falta compromiso y criterio político para legislar en esta materia). Es cuestión de voluntad. No es el camino más recto ni tampoco el más sencillo, pero sí es el que a largo plazo da más frutos.

Hay muchos ejemplos en los que fijarse para comenzar la aventura, porque eso es lo que debe ser la enseñanza, un viaje en el que los alumnos se sientan protagonistas de su propio aprendizaje. El programa “Poder canijo” de La 1 de Televisión Española mostró el pasado domingo algunos de los proyectos que los docentes más arriesgados están desarrollando en España para formar a jóvenes cultos, creativos y comprometidos. Entre todos es posible. Feliz Día Mundial del docente.

Josep Marí

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